El miércoles primero de abril del año mil doscientos sesenta y cinco, mientras las fuerzas del sultán Baibars mantenían la ciudad bajo asedio, los últimos cruzados abandonaron Cesarea en silencio absoluto, amparados por la oscuridad. Atravesaron un pasaje secreto, cruzaron el foso hacia la costa y subieron a los barcos que los llevarían para siempre lejos de Tierra Santa. Se llevaron consigo reliquias cristianas —según la tradición, incluso el Santo Grial— y con ellas también partieron la cultura, las formas arquitectónicas, las historias y la memoria que habían dejado en este lugar.
Los musulmanes destruyeron la fortaleza y la dejaron como ruina eterna, un símbolo de victoria y supremacía. Así, derrumbada y silenciosa, fue como los primeros investigadores del siglo veinte encontraron Cesarea. Esta tierra, que había visto pasar tantas épocas y tantos pueblos, terminó convirtiéndose en un parque nacional y en uno de los conjuntos histórico-culturales más singulares e interesantes de Israel.
En Israel hay nueve sitios incluidos oficialmente en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, y Cesarea —que hoy aparece en la lista de espera junto con más de mil ochocientas candidaturas de todo el mundo— está camino a ser la próxima. Su encanto único surge de una combinación poco común de historia, arquitectura y un ingenio constructivo realmente excepcional. La ciudad fue pensada y levantada por el rey Herodes el Grande en honor al primer emperador romano, Octavio Augusto, y en poco tiempo llegó a convertirse en uno de los grandes motores económicos del Mediterráneo oriental.
Por sus calles se cruzaron figuras como Poncio Pilato, el rabino Akiva y Luis el Santo, el rey Luis nueve. Distintas épocas y culturas pasaron por aquí hasta que la arena y la sal del mar guardaron durante siglos la memoria de todo lo vivido, como si fuera una cápsula del tiempo, esperando a que los arqueólogos la volvieran a abrir.
Te invitamos a un recorrido lleno de historias y descubrimientos. Vení, viajero: abramos juntos este libro antiguo de la vida y sus huellas silenciosas.